En su opinión, ¿qué papel juega la música en los tiempos actuales?
En un entorno acelerado y fragmentado por la inmediatez, la música desempeña un papel curativo y humanizador indispensable.
Desacelera el ruido externo, combate la apatía social y reconstruye el tejido comunitario a través de la empatía. No es mero entretenimiento ornamental, sino un estandarte de resiliencia cultural y dignidad colectiva.
¿Qué diferencia existe entre interpretar música y vivir la música?
Interpretar es una ejecución técnica de códigos y dinámicas mecánicas. Vivir la música es encarnar sus valores éticos: permitir que la armonía, el ritmo y el balance rijan nuestra conducta diaria, nuestras relaciones interpersonales y nuestro compromiso comunitario, convirtiendo la propia vida en un acto de coherencia y servicio.
¿Hay alguna lección que la música le haya enseñado y que aplique en su vida diaria?
El inmenso valor del silencio y la escucha atenta. En una partitura, los silencios son tan decisivos como las notas culminantes. La dirección orquestal me enseñó que el liderazgo efectivo no consiste en imponer la voluntad propia, sino en coordinar las diferencias individuales hacia un ideal común armónico.
¿Qué consejo les daría a los jóvenes que desean desarrollar una carrera musical?
Que asuman su formación con rigurosidad académica y visión integral. El talento abre puertas, pero la constancia, la ética intachable y la capacidad de autogestión sostienen una carrera profesional. No teman a las limitaciones estructurales: el arte ejercido con compromiso social siempre abre caminos de impacto mundial.